Susana Torruella Leval
El primero de marzo el New York Times informó que El Museo del Barrio, un bastión del arte y la cultura puertorriqueña en la ciudad de Nueva York desde 1969, puede encontrarse pronto entre las instituciones culturales más grandes y prominentes dela ciudad. El Museo ha ocupado parte de un edificio en la Quinta Avenida, cerca de la esquina noreste del Parque Central, durante casi 25 años. Sin embargo, en un futuro próximo puede que tenga la oportunidad de mudarse al edificio contiguo, donde se encuentra actualmente el Museo de la Ciudad de Nueva York y cuenta con 10 veces más espacio para exposiciones que la ubicación actual de El Museo.

Tal mudanza sería un avance extraordinario para el museo que se originó en el aula de una escuela en East Harlem. También representaría un gran avance en prestigio para los hispanos en Nueva York que actualmente comprenden un tercio de la población de la ciudad.

El Museo del Barrio fue fundado por un grupo de padres, maestros y artistas puertorriqueños que se vieron inspirados por el movimiento de derechos civiles de la década de los años 60 y a quienes les preocupaba que su experiencia cultural no se encontraba representada en los principales museos de Nueva York. El Museo es primordialmente una institución educativa comprometida a proveer un medio donde la comunidad hispana de Harlem puede explorar, crear y expresar su propio arte y cultura. Después de mudarse varias veces en vitrinas de tiendas locales, El Museo se estableció finalmente en su ubicación  actual en 1977. En 1978 pasó a formar parte de la "milla de los museos" en la Quinta Avenida, que incluye instituciones de renombre internacional tales como el Museo de Arte Metropolitano y el Museo Guggenheim.

Hoy El Museo del Barrio opera con un presupuesto anual de $3 millones y atrae a unos 60,000 visitantes al año. El museo cuenta con una colección permanente de la cultura taína pre-colombiana en el Caribe que no tiene paralelo en los Estados Unidos y sus programas de educación cuentan con la participación de casi 20,000 niños en la ciudad de Nueva York.

A la cabeza de El Museo, en estos momentos tan promisorios y de crecimiento, se encuentra Susana Torruella Leval, la directora del museo desde 1994. "Es una etapa fabulosa", dijo en una entrevista recientemente en su oficina desde la cual puede verse un hermoso jardín y un lago en uno de los extremos del Parque Central. "Por fin contamos con visibilidad y un tipo de credibilidad diferente".

Torruella Leval ha sido la fuerza motriz en la transformación de El Museo del Barrio de una institución comunitaria y pequeña a una de gran presencia cultural. Ha recibido mucho apoyo (así como algo de críticas) por su trabajo expandiendo el financiamiento, presupuesto y audiencia de El Museo del Barrio. Ha sido también instrumental en la expansión de la misión del museo para representar a toda la comunidad latina en la ciudad ya que, además de puertorriqueños, la ciudad cuenta ahora con grandes comunidades de mexicanos, dominicanos y centroamericanos. .

El éxito de Susana Torruella Leval no ha sido un accidente. Es el producto de un excelente conocimiento de historia del arte y museología, un arraigado orgullo en su legado puertorriqueño y la convicción que cuidades como Nueva York, donde tantas culturas conviven en espacios relativamente pequeños, proveen oportunidades únicas para que la gente pueda entenderse mejor a sí misma, y entre sí.

Llegó por primera vez a Nueva York en 1962 para cursar estudios en Manhattanville College. Ahí estudió historia del arte y se codeó con otra ambiciosa joven puertorriqueña, Sila Calderón, la nueva gobernadora de la isla. Torruella Leval luego recibió una Maestría en Arte de la Universidad de Nueva York.

Nueva York fue el primer impacto cultural que experimentó Torruella Leval que se vió sujeta en forma regular a prejuicios y hostilidad. "Era devastador por la ignorancia de la gente que me rodeaba", dice. "No creo que los jóvenes de hoy pueden entender ese nivel de ignorancia".

En 1970 no fue aceptada cuando solicitó trabajo en El Museo del Barrio, que entonces sólo tenía un año de existencia. Sí fue contratada como asistente de investigaciones en el Museo de Arte Moderno(MoMA). "El MoMA fue para mi una gran escuela de museología", recuerda. Se desarrolló en un ambiente de "gente increíble y apasionada" de quienes aprendió destrezas tales como el arte de diseño y exposiciones. "Es algo que hay que  aprender y hay que aprenderlo con la experiencia", explica. "No hay manera de cambiar eso y no tiene por qué ser diferente".

Después de trabajar en el MoMA, Torruella Leval pasó al Museo Metropolitano de Arte donde se desempeñó en una
posición muy diferente. Como guía de giras por el museo para grupos de habla hispana, desarrolló una nueva apreciación de la perspectiva de la audiencia. "Me fascina el contacto directo que se entabla cuando uno enseña en las salas de exposición", dice. "Me encanta el reto de tratar de llegar a personas que tal vez nunca antes han visitado un museo, así como los que son expertos conocedores".

En 1990, después de dos décadas de valiosa experiencia, Torruella Leval entró a El Museo como curadora. "Cuando me pregunté lo que quería hacer", recuerda, "me dí cuenta que realmente quería ver si podía contribuir a un lugar con el cual tenía cierta resonancia personal en términos de una identidad cultural. Ese afán me llevó a regresar para tratar de ayudar la institución que, ya 10 años antes, había percibido que se encontraba en una etapa muy interesante".

La trayectoria de expansión actual de El Museo del Barrio estaba comenzando cuando llegó Torruella Leval. Durante sus años en El Museo del Barrio, como curadora así como directora, ha fomentado ese progreso poniendo en práctica lo que ha aprendido a lo largo de su carrera.

De MoMA trajo la experiencia de "cómo opera un museo grande" y gran capacidad para atraer talentos como Deborah Cullen, curadora de la exposición actual de jóvenes artistas puertorriqueños, una provocativa exposición titulada "Aquí y allá".

Del Museo Metropolitano, Torruella Leval trajo su capacidad de enfocar un museo desde la perspectiva del visitante. "Es realmente interesante analizar a la audiencia", dice. "Descubrí que es muy emocionante y creo que eso también influenció mi convicción que el programa de El Museo tiene que tener algo para todos. Todo el que entra por la puerta debe poder sentirse bien aquí, ya sea una persona con un doctorado o alguien que nunca ha visitado un museo".

Susana Torruella Leval y El Museo del Barrio encaran interesantes retos según sigue aumentando el número de personas que atraviesan por la puertas del museo. Torruella Leval admite que han sufrido dolores de crecimiento, tal como han habido críticos acusando a El Museo de haber olvidado sus raíces. "Hay que mantenerse alerta para no perder esa conexión que es muy importante".

Sin embargo, no desiste de su decisión de crear una identidad más panamericana para El Museo, algo que ha generado enojo entre algunos puertorriqueños en Nueva York. Ella insiste en que los puertorriqueños tienen un papel especial entre todos los latinos que comprenden El Barrio porque fueron ellos los fundadores de esa comunidad. "Ellos abrieron camino para todos los demás. Tienen que seguir haciéndolo. Una vez que las puertas se abren, no pueden cerrarse de nuevo".

Anticipando el futuro, Torruella dice que ve contínuo crecimiento para El Museo del Barrio y la expansión a un edificio más grande es esencial, a pesar de los inevitables inconvenientes. "Tenemos que preguntarnos: ¿más grande es mejor?" observa. "Si en el edificio contiguo podemos ofrecer servicios a los venezolanos, colombianos y argentinos, además de los puertorriqueños, entonces, en mi opinión, eso es mejor".