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Cuba
Una isla de dos caras

 
A sólo 180 kilómetros de las costas de Florida, la tierra de José Martí, Carpentier y Fidel Castro es el escenario de profundos cambios económicos. El turismo internacional, que creció el año último un 18%, acelera las transformaciones y abre una peligrosa brecha entre la realidad cotidiana de los cubanos y el paraíso creado para satisfacer al turismo cinco estrellas.

 

LA HABANA.- Lázaro tiene la piel oscura, los ojos claros y muchas ganas de hablar. Quiere ser guía de turismo. Como la mayoría de los cubanos, ha descubierto que la industria sin chimeneas es el mejor negocio y el trabajo mejor pago desde que la ayuda soviética dejó de sostener el andamiaje económico del régimen de Castro.

La economía y la comunicación informales crecen en la isla que es la mayor de las Antillas; 12 veces más grande que Puerto Rico, con 11 millones de habitantes, dos millones de los cuales viven en La Habana y una cantidad similar en los Estados Unidos, desde donde llegan todos los años más de 600 millones de dólares, que convierten la caridad familiar en el tercer ingreso de divisas después del turismo y el azúcar.

"¿Española? ¿Italiana? ¡Ah! Argentina, la tierra del Che y de Maradona. Tienes un dólar, un cigarrillo, un bolígrafo. ¿No me regalas tu pañuelo? ¿Un recuerdo para un cubano?"

Trueque, compra, venta, propina. '"No importa qué, pero dame algo", parece decir el chico de los ojos claros y la piel morena. La escena forma parte del paisaje, cuando uno cruza el territorio neutral del lobby del hotel.

Con treinta y siete grados a la sombra, la ciudad se cocina a fuego lento. El sol pega sin tregua en las paredes de los ruinosos edificios de La Habana Vieja, que son el recuerdo de una ciudad bellísima. Están destruidos como después de un bombardeo, sólo que no ha habido bombas sino abandono. En los últimos tres años hubo más de 5000 derrumbes y hay por lo menos 50.000 casas que ya no tienen arreglo. El reciente Festival de la Juventud, inaugurado por los hermanos Castro el 26 de julio, ha servido, entre otras cosas, para darle una mano de pintura a los edificios públicos y a las fachadas de las casas que miran al Malecón, donde nacen los amores y mueren los sueños.

El improvisado guía levanta la mano y señala la inmensa mole blanca del Capitolio: "Mira que es igualito al de Washington y en su interior está la segunda estatua más grande del mundo", recita orgulloso. Sin parlamento, el Capitolio es hoy el Centro de Convenciones José Martí y un fondo bonito para la foto. A pocas cuadras, el Museo de la Revolución, instalado en el que fue el palacio presidencial de Fulgencio Batista, recuerda paso a paso el desencuentro de Cuba con la libertad. Un derrotero en el que siempre salió perdiendo.

Colonia española primero, la perla antillana logró su independencia en 1898.

 

La ciudad de los contrastes se descubre cuando se cruza la frontera neutral del lobby del hotel. En días de escasez, el turista es la promesa del dólar tan deseado. Todos corren tras él

Cuando las fuerzas hispanas se retiraron, llegaron las botas norteamericanas para "defender los masivos intereses de sus compatriotas en el negocio del azucar", pero con la fantasía de convertir a la isla en una villa de veraneo con grandes hoteles, casino y mujeres fáciles. Cosa que efectivamente ocurrió.

Tierra de mártires y de tiranos, Cuba parece acostumbrada al movimiento pendular. De un extremo al otro. Huérfana del apoyo soviético, sostiene como puede un sistema que paradójicamente necesita del pulmón de los dólares del capitalismo para poder respirar. Turismo cinco estrellas, por un lado, y desabastecimiento por el otro.

"Desde 1991, vivimos lo que Castro ha llamado el período especial en tiempos de paz, que en otras palabras quiere decir que habrá que pasar hambre como en tiempos de guerra. Y, ya se sabe, no hay nada más definitivo que lo transitorio", dice Lucía Newman, corresponsal de la CCN en La Habana.

La cadena norteamericana se instaló en Cuba el 10 de marzo último con la venia del Partido Comunista. Preferían que estuviéramos siempre, a que viniéramos sólo a cubrir las crisis. No hay limitaciones en nuestra cobertura, salvo las que cada uno quiera imponerse", agrega la periodista, que puesta a elegir se queda con las privaciones de La Habana y no con la contaminación y la falta de seguridad de la ciudad de México, su anterior destino.

Las oficinas de la CNN funcionan, por ahora, en el hotel Habana Libre, donde vive con su marido, periodista también, y sus dos hijas. "No hay casa para nosotros, pero nos van a sortear una y en pocos meses nos mudaremos a Miramar."


Miramar es un barrio para gente pudiente. En esa zona se instaló la primera cadena de hamburguesas, se llama Burgui y es de origen canadiense. Pero en las márgenes de la coqueta urbanización, con chalets protegidos por altas rejas, crecen villas de emergencia como El Fanguito y El Romerillo.

La llegada de la CNN no ha cambiado los hábitos de la mayoría de los cubanos. Lucía Newman aclara que "solamente reciben la señal los diplomáticos, algunos jerarcas del partido y los hoteles cinco estrellas. La gente escucha Radio Martí, que emite desde Miami alentada por el grupo disidente que lidera Mascanosa y, unos pocos, los que logran captar la señal, generalmente interferida por el gobierno, pueden ver Tevé Martí".

La mayor cadena informativa son los turistas. Más de un millón recorrieron la isla el año último, dejaron sus dólares, pero también descorrieron la cortina de un mundo distinto. Ellos pueden ser la bisagra del cambio.

"Gracias, ¡chau!", es lo que muchos cubanos querrían decirle a Fidel. Durante treinta años tuvieron asegurada la salud y la educación, desde hace seis subsisten aceptando con resignación el rigor de la dieta cubana. Con la libreta de racionamiento se recibe un poco de arroz, chicharro, (lentejas) frijoles, huevos y, una vez por mes, pescado. Está asegurada la comida de los niños y de los enfermos.

¿Cómo terminará la historia? ¿Es posible Cuba, una isla a sólo 180 kilómetros de las costas Florida, con un sistema económico ubicado en las antípodas? ¿Por cuánto tiempo? Muchos piensan que el régimen morirá con Castro. No hay un delfín, y su hermano Raúl, candidato natural a sucederlo, no tiene el carisma ni la fuerza política del hombre que en 1956 desembarcó en la costa meridional con Camilo Cienfuegos, Haydée Santamaría y el Ché Guevara para hacer la revolución. Queda poco de la mística de otros tiempos en las legiones de profesionales que han olvidado su título en un cajón y buscan ganarse la vida como mozos, maleteros o taxistas.


La que se mantiene intacta es la iconografía del Ché que ilustra la propaganda del partido y es al mismo tiempo el eje de un marketing fenomenal. Se venden postales, billetes, remeras y buzos con la imagen del líder guerrillero. El último souvenir puesto a la venta en los locales de los hoteles cinco estrellas es la carta de despedida que el Che le mandó a Fidel antes de ir a una muerte segura en la selva boliviana. Se consigue por dos dólares con diez centavos.

Los cubanos que quieren hablar, pero no decir que hablan, reconocen que la llegada de los restos del Ché ha servido para encender la llama revolucionaria relegada por otras urgencias tan simples como comer, tener un jabón, que no se corte la luz, que llegue el camello (colectivo) y que si llega... haya lugar. Ni se hable de otros lujos como comprar un corpiño (hay generaciones enteras de cubanas que no han tenido uno en su vida), o conseguir un preservativo.

"Es cierto que en toda América latina se pasa un hambre de pinga, pero ellos no hicieron la Revolución. ¿Cuánto nos jodieron con estamos construyendo un mundo mejor. ¿Dónde está que no lo veo?", se enoja la cubana Zoé Valdés, escritora de moda que vive en París y que tan bien describe la realidad cubana, con esa prosa que va al galope, en La nada cotidiana.

En los años cincuenta, Cuba llegó a ser el principal exportador de Cadillac. "Los millonarios los compraban en diciembre y los vendían tres meses después, y las mujeres de los poderosos vivían con aire acondicionado para poder usar tapados de piel", cuenta Abel, un ingeniero agrónomo de 35 años, devenido taxista porque ambiciona ser parte de la economía dolarizada.


Los famosos habanos cubanos son también un argumento para atraer a los turistas, los más caros se cotizan a 700 dólares la caja


Parte de ese lujo de los años cincuenta se conserva en la residencial zona de Cubanacan, donde dicen que Castro tiene una de sus casas. Allí están las residencias de los embajadores. Lujosísimas casas estilo español, pintadas de amarillo pálido con ventanas blancas y techos de tejas. Huellas de una ciudad onírica, con su arquitectura barroca detenida en el tiempo, las iglesias vacías y curiosos edificios art déco como el Palacio Bacardi y la sede de la Casa de las Américas en la zona de El Vedado. ¿Será por eso que La Habana es nostálgica? Manejar un Buick 52, bailar la rumba, escuchar a Celia Cruz, tomar Ron Collins y pensar en la Cuba prerrevolucionaria sirve para matizar una rutina con sabor a nada.

Los coches japoneses han reemplazado a los rusos, pero siguen siendo propiedad del Estado. Nadie en la isla es dueño de nada, salvo Fidel, a quien la revista Fortune incluyó en la lista de los más ricos. Los choferes de taxi cobran su sueldo mensual en pesos y aceptan gustosos las propinas de los turistas en dólares. No hace falta decir que el sueldo que vale es el segundo. Un viaje desde la Habana Vieja hasta El Vedado, como ir del Centro a Belgrano, cuesta aproximadamente 7 dólares. La mitad de lo que gana un médico por mes.

"Para entender el sueldo cubano hay que pensar que lo que se gana es lo que quedaría de un sueldo en otra parte despúes de pagar las cuentas. La salud, la educación, la vivienda y las necesidades básicas las cubre el Estado", explica el periodista argentino radicado en Cuba Alfredo Muñoz Unsain, hasta hace muy poco al frente de la oficina cubana de France Press, el Chango Muñoz vive en La Habana desde hace treinta años y ha visto evolucionar el sistema hacia esta cohabitación sui generis capitalismo-socialismo, que despierta más interrogantes que certezas. Muñoz no quiere arriesgar definiciones. Se considera a sí mismo un escéptico, "pero como todos los escépticos -se sonríe-, me gustaría estar equivocado".

Los dólares del turismo ayudan pero no son una solución. No hay una real recuperación económica, sino un espejismo coyuntural. Cuba necesita de fuertes inversiones para poner en marcha un programa nacional de construcción de viviendas, un plan de carreteras y paliar el déficit energético. Japón tampoco tiene energía, pero.... Pienso en España y en la transformación increíble lograda por el PSOE en sólo veinte años. Hacen falta créditos, pero grandes créditos, no moneditas. En este país está todo por hacer. Las cosas cambiarán, lo que no puedo decir es cuándo", pronóstica. El cambio de hecho ya ha empezado a producirse. La tenencia de divisas está despenalizada, hay un incipiente cuentapropismo alentado por el turismo, y cada vez más gente quiere pasarse a la economía dolarizada para poder acceder a bienes y cosas que nunca tuvo. Con plata cubana (el dólar se cotiza a 22 pesos cubanos) se pueden comprar algunas pocas cosas que se venden en las despensas llamadas "bodegas" y que ilustran acerca del increíble desfase de los precios: una pizza 50 centavos y un bollo de pan ni siquiera 10. La cuestión es encontrar algo en las estanterías vacías.

En los agromercados, bocas de expendio de los 80.000 campesisnos que son dueños de la tierra, los precios son también en divisas. Para tener una idea, un kilo de carne de cerdo (la más común en la isla) se vende a un dólar.

 

 

Mientras, los turistas gozan de todos los privilegios. En los hoteles cinco estrellas, hay langosta, vinos chilenos, champagne francés, sommelier, barman, SPA, sauna, piscina y jineteras.

La prostitucion no está abiertamente aceptada por los operadores y hoteleros, pero todos saben que es un poderoso imán, y hacen la vista gorda. El efecto de los controles y prohibiciones es inmediato: caen la reservas. La mayoría de los pasajeros alojados en los hoteles de La Habana son hombres que llegan solos (en viaje de negocios o para fumar los famosos habanos que se cotizan a 700 dólares la caja), y salen acompañados. Las mulatas, titís (adolescentes) y las morenas de cuerpos esculturales caminan por los salones de la mano de señores que las doblan en edad. Suecos, italianos, franceses a los que no entienden una sola palabra, pero miran con ensoñación. Después se sientan en el comedor, comen a cuatro manos y guardan prolijamente los restos en paquetitos de papel de aluminio. Muchas de ellas son universitarias sin trabajo.

Las historias de amor de una noche sola que nacen en el Malecón dejan en sus bolsillos más de lo que ganarían en meses. No se habla de tarifas, pero sí de sanciones. La nueva legislación castigará con hasta ocho años de cárcel a todos aquellos que se beneficien con la actividad de las jineteras. La imagen de tierra de mujeres fáciles golpea al régimen donde más le duele: no se ha hecho la revolución para volver a lo mismo.

Treinta y ocho años después de Sierra Maestra, la fantasía del gran hotel vuelve a rondar por la cabeza de miles de cubanos que quieren ser parte del salto capitalista. Los capitales españoles que desembarcaron en la isla cinco años atrás apuntaron directamente a la hotelería, un negocio que España conoce como nadie. La cadena Meliá tiene tres hoteles en Varadero (Meliá Varadero, De las Américas y Sol Palmeras) y el lujoso Meliá Cohiba en la zona de El Vedado, de La Habana.

Detrás de los hispanos llegaron italianos, canadienses, ingleses y franceses. La isla pone el sol, las playas y la maravillosa arena que parece talco. Ellos, el dinero. "El turismo ha tapado los huecos de la economía que hizo agua con la caída del bloque socialista. La URSS proveía el petróleo, los coches, la medicina, los aviones y pagaba el azúcar cuatro veces más de su valor en el mercado internacional. Subsidiados, recibíamos también tractores que los soviéticos descartaban por su alto consumo, aviones viejos. En 1991 quedó la verdad al desnudo, Cuba no tenía nada, salvo una inmensa deuda", opina el sociólogo Aurelio Alonso.

La industria sin chimeneas ha sido una solución a medias, porque el dinero que entra por un lado sale por el otro. Alimentar a un turista cinco estrellas exige importar prácticamente todo: la Coca Cola es mexicana, los helados ingleses, quesos franceses, vinos chilenos... "Los insumos son altísimos, pero el turismo genera empleos. Y es allí donde gana el gobierno", sintetiza Tejada.

Habawaneck S.A. y Cubanacam S.A. son algunas de las sociedades mixtas formadas por el Estado con capitales extranjeros. Creadas para desarrollar proyectos turísticos, funcionan como entes autárticos con cláusulas inamovibles: la mano de obra deberá ser cubana.

Allí está la parte del león. Los empleados cobran su sueldo en dólares, pero el gobierno los convierte en pesos cubanos y se queda con los dólares. Conclusión, si el empleado gana 400 dólares recibe en la mano sólo 20. Aún así, el sueño de un profesional es ser maletero o manejar un taxi; ser guía, mozo o cantante. Cualquier actividad que merezca una propina. En el último año el turismo en Cuba creció un 18%, cuando todos los indicadores económicos, incluida la zafra, cayeron.

Ahora levantan la puntería para captar al turismo de mayor poder adquisitivo. En Varadero, una isla dentro de la isla ubicada a 170 kilómetros de La Habana, acaba de abrir sus puertas el primer Club Med, con toda la oferta de deportes náuticos que el viajero hedonista pueda imaginar. El Meliá de las Américas inició las obras para recuperar la cancha de golf que en tiempos de holgura capitalista mandó a construir el magnate Dupont (el de la dinamita) junto a su mansión sobre las playas del Atlántico. En la casa funciona un restaurante de lujo, no están los muebles, pero el marco de la arquitectura y la boisserie de caoba son imponentes.

En un país donde el déficit de viviendas es alarmante, está prevista la construcción de 35.000 nuevas plazas para turistas. Antes de fin de año quedará inaugurado el hotel Parque Central, de la cadena Golden Tulip, con 300 habitaciones cinco estrellas en el corazón de La Habana Vieja.

El turismo ha acelerado también la transformación del casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los edificios que rodean al puerto y a la Plaza de Armas son joyas de la arquitectura barroca conservadas milagrosamente por la falta de inversiones.

Nadie había tocado una piedra hasta que el historiador Eusebio Leal, que goza de la confianza de Castro, inició la restauración de los edificios históricos. Una intervención respetuosa hecha por un conocedor con el apoyo de los capitales extranjeros.

Entre los edificios recuperados está la imponente sede de la Lonja de Comercio (Bolsa para nosotros) que conserva su fachada original. En el interior se han construido oficinas inteligentes para las empresas del Primer Mundo que quieran poner un pie en La Habana.

A pocos metros de allí, abrió sus puertas un local Benetton , primera señal de consumo capitalista, donde los hábiles textileros de Treviso muestran sus colecciones globalizadas.

Salvo el gobierno norteamericano, archienemigo de Fidel, que ha fortalecido el bloqueo con la dureza de la ley Helm-Burms, el resto del mundo quiere comerciar con Cuba. Su posición estratégica es el primer argumento, pero hay otros. La medicina por ejemplo, cuyo desarrollo fue una de las metas de la revolución de Castro.

"Como no pudimos ser una potencia militar ni una potencia azucarera, fuimos una potencia médica", dice Ofelia, médica internista, de 42 años, tres hijos adolescentes. "Hay más de 70.000 médicos en Cuba, pero faltan medicamentos. Hoy resulta difícil cumplir con un pedido de análisis clínicos. Hay aspirinas, pero si recibo un paciente hipertenso deberé esperar una semana para conseguir la medicación adecuada, si es que la consigo." Ofelia, como muchos de sus colegas, ya no ejerce la medicina, no tiene con qué ni dónde. Es una burócrata que gana 15 dólares mensuales. La medicina creada para todos vuelve a ser para unos pocos.

Sin embargo, Cuba mantiene alto el prestigio de sus avances médicos en distintos campos: kinesiología, dermatología, traumatología, retinosis, son algunas de las especialidades reconocidas internacionalmente. Salud y educación fueron las grandes conquistas del gobierno comunista y la gran deuda que el pueblo tiene con Castro. "Si no hubiera sido por Fidel, yo hubiera muerto", cuenta emocionado Armando Gabo, encargado de la Casa Museo de Alejo Carpentier, en La Habana Vieja, a pocos metros de la antológica Bodeguita del Medio, conocida por los mojitos (ron, limón, agua y yerbabuena) que hizo famosos Hemingway. Armando y su mujer sienten por Castro el respeto que inspira un dios. Ganan entre los dos 400 pesos cubanos. Un año atrás Armando cayó doblado por un ataque al corazón, la indicación fue operar de inmediato y lo operaron sin pagar un peso. "Un cambio de válvula que costó 24.000 dólares. Si no hubiera sido por Fidel, me muero."

¿Hacia dónde va Cuba? Nadie lo sabe. Treinta años de presencia soviética no han dejado rastros. Salvo los viejos Nivas, Ladas y los aviones Ilushin. No se ve a ninguna matrioshka ni nadie que llame a su hijo Mihail o Igor. Sin embargo, en la bahía de Guantánamo, el nombre de moda es Usnavi, lo usan tanto para hombre como para mujer. Aunque suene a chiste, el nombre debe su origen a la inscripción que llevan en el fuselaje los aviones que aterrizan en la base norteamericana: U.S. Navy.

A pesar del bloqueo, existe en Cuba una arraigada cultura norteamericana. La televisión, con su mensaje consumista, no ha aterrizado por ahora en los hogares cubanos, pero los vecinos de El Vedado tienen ya su bar temático. Se llama Havana Café, al lado del Meliá Cohiba. En su interior se exhiben dos Cadillac y una Harley Davidson de los viejos tiempos, mientras en las paredes Humphrey Bogart e Ingrid Bergman vuelven a estar en Casablanca. El menú ofrece un promocional Combo. Por favor, ¿dónde estamos?


La realidad cotidiana no es fácil; sin embargo, todavía hay fiesta y sonrisas en las calles de La Habana



Cambia, todo cambia


La llegada de los restos del Che fue una de las pocas informaciones que desplegó el escuálido diario habanero Granma. Su versión en inglés está dirigida al turismo que crece día tras día y que ha descubierto el último modelo de cuentapropismo. Se llaman Paladares y son pequeños comedores familiares autorizados a cobrar en dólares que funcionan en la propia casa para no más de doce cubiertos y son atendidos por sus dueños.

Odeissy y Miguel regentean La Guarida, uno de los más conocidos, ubicado en el cuarto piso por escalera del conventillo donde se filmó Fresa y Chocolate, en La Habana Centro, uno de los barrios más populosos y peligrosos. Está decorado con viejos muebles españoles y sorprende el menú encabezado por un carpaccio a la parmesana y moros y cristiano (plato cubano por excelencia) . La recomendación de Susana Grané, la amabilísima y muy bien informada embajadora argentina, valió la pena. Se come muy bien por 7 dólares por persona con música cubana de exportación: Gloria Estefan y Silvio Rodríguez. Odeissy (por Oh! Daisy) ha dejado sus títulos en el cajón y le gusta su nuevo trabajo. Teme por los impuestos (una novedad en Cuba), pero ya puede ahorrar. A 170 kilómetros de La Guarida, en el dorado paraíso de Varadero, Niurca también ha guardado su título en el cajón. Dejó su cargo de profesora en Altos Estudios Sociales en Matanzas para convertirse en peluquera del hotel Sol Palmeras.

De acuerdo con los contratos de los joint ventures (ver nota) su sueldo no hace la diferencia, pero a fin de mes recibe la bolsa del aseo con jabón, champú, acondicionador y toallas higiénicas. Sin contar las propinas. Le gusta su trabajo, pero lo que más le gusta es que todos los días una guagua (micro) la busca por su casa y la lleva a su trabajo. La odisea del transporte se terminó.



Los creadores


No se entiende la cubanidad sin el clima. Ese calor que tiene volumen determina hasta la manera de caminar. Imposible imaginar a un sueco caminando como un cubano. Imposible imaginar Cuba sin la poesía de Guillén y de Martí.

Sin la prosa tersa de Carpentier; la abstracción de Wifredo Lam; la fuerza creadora de Amelia Peláez, y el misticismo de Portocarrero son algunos de los puntos que atraviesan la línea de la identidad. En los tiempos modernos, textos como los de Reynaldo Arenas y Zoé Valdés muestran que no hay régimen por totalitario que sea que pueda hacer callar una voz cuando está impulsada por la verdad. En la actualidad, un vigoroso movimiento plástico que animó las últimas dos bienales de La Habana y el primer Salón de Arte Cubano Contemporáneo llama la atención de la crítica internacional.

Las obras de Sandra Ramos, Kacho, Ponjoan, René Francisco, Luis Gómez, Carlos Estévez y Los Carpinteros son algunos de los nombres que trascienden las fronteras de la isla. La movida de los artistas cubanos se vincula directamente con la posibilidad de vender en dólares, lo que cambió las condiciones de producción. El razonamiento no es materialista, responde a la realidad. Bofill, un pintor no contaminado, reconoce que nunca salió de los límites del pequeño formato, porque no tiene dinero para comprar materiales, ni telas. Esa capacidad para construir en medio de la nada sin perder la alegría hace distintos a los cubanos. Los hace libres, dignos y solidarios. Las migraciones, los balseros y el bloqueo son los temas recurrentes, porque el arte, en suma, es un camino de búsqueda para entender lo que nos pasa.



Alicia de Arteaga

Fotos: Feliberto Carrie